Nunca antes nadie se había negado a cogerme, hasta que apareció ÉL, quien desde el primer contacto al tomarme por la barbilla con la fuerza suficiente para que le mirara a los ojos, un calor recorrió mis venas, la mirada se me ilumino, me gusto, definitivamente me gusto….
Con el todo era lento, yo tan acostumbrada a la prontitud a lo desesperado del placer, y el tan exquisito y paciente cual catador de vinos que sabe disfrutar del buque y espera el momento justo para beber de la copa… algo me decía que necesitaba de ÉL, alguien que me dijera no con tal autoridad que no tuviera más remedio que aceptarlo.
ÉL pronto se percató cuan caprichosa podía llegar a ser y no tardó en descubrir que estaba acostumbrada a obtener lo que deseaba, pero eso acabaría pronto, para mi fortuna…
Un día frío, metidos en al cama, cobijados uno al otro, ÉL emanaba tal calor de su cuerpo que comenzaba a quemarme y la única forma de apagarlo era consumiendo de el…
ÉL se dio cuenta de cuan caliente estaba y lo mojada que me tenia con tan solo unos besos y caricias, sabia que yo trataría de dominar la situación, pero definitivamente tenia un plan distinto para mi, me dejo seguir mi juego, me dejo felarlo hasta hacerme llorar, me dejo poner sus manos en mis tetas y en mis nalgas, y me dejo besarlo hasta el cansancio, definitivamente me estaba dando un banquete de ÉL, y mi cuerpo quemaba y gritaba ser penetrado… pero ÉL muy paciente, se tomo tiempo para besarme delicadamente centímetro a centímetro mi cuerpo y cada vez que pasaba por mi coño sentía el bao de su aliento hirviendo, al mismo tiempo que se formaba una sonrisa chueca en sus labios, algo perversa, paseaba sus manos por mis pezones erectos apenas rozándolos, y al voltearme de espaldas se detenía en mi nuca buscando hacerme perder la razón… en ese momento ansiaba e imploraba jadeante ser penetrada por lo que en mi embriagues de placer mis labios vociferaron un imperativo Cogeme!!... en ese momento ÉL se aparto saboreándose los labios y al instante esa sonrisa se volvió a dibujar en su rostro ( cual triunfador ), seguido ladro con esa voz gruesa llena de convicción, un tajante y frío NO!...
Yo no entendí o no quise entender aquella respuesta, así que pedí de nuevo su hinchada y gruesa verga dentro de mi y esta vez la respuesta no solo fue negativa sino que además fue definitiva al decirme: “No te voy a coger” , mi rostro se deformo hasta formar un signo de interrogación, no entendía nada, repito, nunca antes nadie se había negado a cogerme, en ese momento me invadía la cólera y quise levantarme y salir corriendo, pero ÉL no dejaba de observarme al mismo tiempo que se frotaba aquella extensión de su cuerpo con la que ansiaba ser travesada… y antes de que pudiera hacer algún movimiento o balbucear cualquier palabra, me tomo firmemente por las piernas abriéndomelas con mucha fuerza sin apartar su penetrante mirada de la mía, admito que me dio un poco de miedo e intente zafarme, pero ÉL puso aun más fuerza, sin decir nada y sin desdibujarse aquella perversa sonrisa de su rostro acompañada de una ceja levantada, no podía moverme estaba atrapada sin ningunas esposas de por medio, sin cuerdas que me ataran, solo la contundente fuerza que ejercían sus manos abriéndome de piernas…
Sin mas ÉL bajo a comer de mi, se tomo tiempo para degustar mi húmedo y palpitante coño, los movimientos de su lengua eran precisos, me tenía muy bien estudiada, sabía exactamente donde chupar, donde soplar, donde succionar, dejando el centro de mi placer lleno de saliva y fluidos que le regalaba a esa boca generosa, sus manos la acompañaban para explorarme con sus dedos curiosos que indagaban profundamente cada vez más rápido, su hambre era voraz, creí que me arrancaría un pedazo de coño y en ese momento no me importaba, quería que se quedara entre mis piernas para siempre, el tiempo me pareció eterno, el no dejaba de alimentarse de mi, de saborearme, y no tarde en contorsionarme llena de lujuria no una ni dos ni tres, fueron cuatro explosiones dentro de mi que retumbaron haciéndome temblar desde el coño hasta los labios que mordía con tal fuerza hasta sacarme sangre, la vista se me nublo, sentí ahogarme de tanto jadear y mi coño se hizo un mar en el cual ÉL nadaba desesperadamente y bebió de mi hasta secarme.
ÉL me abrazo tiernamente y con un beso de sus labios sabor a mi, nos quedamos dormidos sin decir una palabra, solo recuerdo de nuevo esa amplia y perversa sonrisa en su rostro, había triunfado… y el placer era todo mío.
Septiembre 2010
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