Cierta noche regresaba de tomar unas cervezas. El estacionamiento estaba lleno, oscuro y detrás de una gran reja rodeado de ventanas -los ojos de los departamentos- de las cuales algunas estaban todavía con luz. Yo venía con la suficiente temperatura corporal y con ganas de llegar a casa en busca de esa bolsita que guarda la diversión de mi soledad. La minifalda que llevaba había puesto docenas de miradas encima de ella y lo que la rellenaba, aunque esa noche ninguno de esos ojos logró convertirse en mi víctima: no iba con la idea de portarme mal y nadie lo logró de donde venía.
Bajé del auto primero con una pierna, la cual se vislumbraba con ayuda de la luz de la luna, dejando ver la abertura de las mismas. Me sentí observada, y eso causó un cosquilleo en mi coñito ya resignado a recibir vibrador esa noche, aprovechando esa sensación; antes de bajarme, acaricié la pierna que ya había puesto fuera; y seguí el camino por la entrepierna hasta llegar a mi coñito aún sin humedad. La sensación de ser observada aumentaba, y, al mismo tiempo, mi respiración. Me toqué por encima de esa tanga negra, una de mis favoritas, muy delgadita y transparente; negué con la cabeza. Era imposible que alguien me estuviera viendo y mucho menos esperando.
Bajé del auto, lo cerré, y al intentar ponerle llave, sentí una respiración en la nuca. Me petrifiqué. Al mismo tiempo sentí calor recorrer mi cuerpo antes de poder siquiera voltear o balbucear algo. Una mano atrapó el escote que traía en aquella blusa amarrada al cuello, y otra se colocó -cual gag- en mi boca con tal fuerza que me fue imposible escapar, y no quería. La mano que tenía prisionero mi escote empezó a moverse con fuerza: apretaba mis tetas. La respiración en mi cuello aumentaba y ello causaba de nuevo un cosquilleo entre mis piernas. La mano que amagaba mi boca se soltó un poco y, sin pensarlo, mi lengua traviesa lamió esos dedos. El apretón en las tetas aumentó con esa lamida, pero ahora fue un apretón desesperado en una, luego en la otra buscando mi pezón, acariciándolo con fuerza e intentando ponerlo duro -ya lo estaba-. Mis piernas muy juntas fueron obligadas a ser separadas por una rodilla. Todo parecía órdenes muy marcadas, estudiadas; sólo alguien podría hacerlo de tal forma. Y la simple idea de que fuera ese alguien me volvía loquita.
Al momento de ser separadas mis piernas por tal rodilla, me susurran al oído: “Soy tu General y harás todo lo que te ordene”. Las piernas se me doblaron y seguía sin poder decir nada; la mano que estaba en mis tetas se alejó bruscamente recorriendo mi talle, mis caderas, mis piernas, mis nalgas, la entrepierna y, por fin, mi coñito ya húmedo. El General volvió a susurrarme: “¡Así me gusta, mojadita!”, y con la mano en mi boca, empujó mi cabeza hacia un lado quedando mi cuello a su merced; sus labios y su lengua lo atraparon: lo lamió, chupó, succionó, mordió, y su mano, comenzó a moverse desesperadamente por encima de mi tanga. Yo no podía hacer nada, hasta que se me ordenara; mis manos inmóviles sólo se cerraron en puño ayudándome a aguantarme las ganas de buscar el arma con la que sería atacada esa noche en ese estacionamiento.
Bajé del auto primero con una pierna, la cual se vislumbraba con ayuda de la luz de la luna, dejando ver la abertura de las mismas. Me sentí observada, y eso causó un cosquilleo en mi coñito ya resignado a recibir vibrador esa noche, aprovechando esa sensación; antes de bajarme, acaricié la pierna que ya había puesto fuera; y seguí el camino por la entrepierna hasta llegar a mi coñito aún sin humedad. La sensación de ser observada aumentaba, y, al mismo tiempo, mi respiración. Me toqué por encima de esa tanga negra, una de mis favoritas, muy delgadita y transparente; negué con la cabeza. Era imposible que alguien me estuviera viendo y mucho menos esperando.
Bajé del auto, lo cerré, y al intentar ponerle llave, sentí una respiración en la nuca. Me petrifiqué. Al mismo tiempo sentí calor recorrer mi cuerpo antes de poder siquiera voltear o balbucear algo. Una mano atrapó el escote que traía en aquella blusa amarrada al cuello, y otra se colocó -cual gag- en mi boca con tal fuerza que me fue imposible escapar, y no quería. La mano que tenía prisionero mi escote empezó a moverse con fuerza: apretaba mis tetas. La respiración en mi cuello aumentaba y ello causaba de nuevo un cosquilleo entre mis piernas. La mano que amagaba mi boca se soltó un poco y, sin pensarlo, mi lengua traviesa lamió esos dedos. El apretón en las tetas aumentó con esa lamida, pero ahora fue un apretón desesperado en una, luego en la otra buscando mi pezón, acariciándolo con fuerza e intentando ponerlo duro -ya lo estaba-. Mis piernas muy juntas fueron obligadas a ser separadas por una rodilla. Todo parecía órdenes muy marcadas, estudiadas; sólo alguien podría hacerlo de tal forma. Y la simple idea de que fuera ese alguien me volvía loquita.
Al momento de ser separadas mis piernas por tal rodilla, me susurran al oído: “Soy tu General y harás todo lo que te ordene”. Las piernas se me doblaron y seguía sin poder decir nada; la mano que estaba en mis tetas se alejó bruscamente recorriendo mi talle, mis caderas, mis piernas, mis nalgas, la entrepierna y, por fin, mi coñito ya húmedo. El General volvió a susurrarme: “¡Así me gusta, mojadita!”, y con la mano en mi boca, empujó mi cabeza hacia un lado quedando mi cuello a su merced; sus labios y su lengua lo atraparon: lo lamió, chupó, succionó, mordió, y su mano, comenzó a moverse desesperadamente por encima de mi tanga. Yo no podía hacer nada, hasta que se me ordenara; mis manos inmóviles sólo se cerraron en puño ayudándome a aguantarme las ganas de buscar el arma con la que sería atacada esa noche en ese estacionamiento.
La mano que apretaba mi boca la soltó bruscamente y bajó hasta donde termina la minifalda; de ahí la subió de un tirón, y junto con la otra mano que ya se encontraba acariciándome por encima de la tanga, se unieron, y, con fuerza, jalaron de ella hasta romperla por en medio justo donde estaba lo transparente, quedando completamente abierta por la entrepierna. El General me tomó por las caderas y me jaló hacia él para hacerme sentir cómo me encañonaba el trasero con su arma dura, firme, dispuesta a disparar. Yo no hice más que recargarme con las manos sobre la puerta del auto; sabía que sería embestida en cualquier momento.
El General me soltó de las caderas y tomó su falo entre las manos; mi trasero estaba a su disposición. No hablaba, ni me movía. Esperaba órdenes. Acercó el falo en sus manos a la abertura de mi trasero y lo embarró en él de arriba abajo metiendo la punta, todo de forma muy brusca; yo volteé con mirada maliciosa; a ese grado estaba más que caliente y sólo quería que me disparara. El General lo sabía y me torturaba haciéndome esperar. Estaba muy mojada, quería que partiera en dos mi anito. Él lo sabía y seguía torturándome. Con sus manos abrió mis nalgas y con el dedo pulgar sorprendió ese pequeño botón que está en medio. Delicioso fue sentir con rudeza dicho pulgar penetrando mi anito mientras su falo resbalaba por en medio de mi coñito.
Me dijo: “¡Agáchese!, ¡quiero concha y culo!” Yo obedecí, y me hice un poco hacia adelante. Con mis manos bajé por la puerta del auto quedando en un ángulo de cuarenta grados. Antes de poder acomodarme, fui embestida en el coño con la fuerza necesaria para soltar un ligero grito. Sabía que en cualquier momento algún vecino podría asomarse. El pulgar del General no dejaba de follarme el ano al mismo tiempo que me bombeaba una y otra vez. Mis gemidos eran ahogados para guardar silencio; el General me habló de nuevo: “Qué rico está mojándome… así me gusta… que se moje para mí”; eso causó que mis caderas se movieran automáticamente. El General no dejaría que me moviera por mucho tiempo. Entonces me paró, detuvo mi movimiento, sacó su falo y su pulgar, y sentí un delicioso cosquilleo, sabía lo que me esperaba…
Sin más ni más, el General me embistió por mi back door al mismo tiempo que, con una de sus manos, volvía a aprisionar mi boca; esta vez para que mis gritos de placer y dolor se ahogaran entre sus dedos. La primera bombeada fue firme, aunque no me lo dio todo. El sentir esa arma tan dura hizo que me impulsara hacia delante. El General no me dejaría ir tan fácil: me jaló hacia él por la boca y la cadera. Esta vez la embestida sería infernal; ambos ardíamos y mi coñito era un mar. El General tomó su arma con una mano y la remojó en mi coño para seguir ese camino hacia atrás y dispararme hasta el fondo… Lo sentí en las entrañas… y ligeramente mordí su mano. Él, al sentir mis dientes, me bombeó de nuevo una y otra vez. Mis caderas empezaron a moverse y mi anito se dilató inmediatamente, sólo quería sentirlo dentro, muy dentro. El General retiró su mano de mi boca y la utilizó para tomarme de nuevo por las caderas y así empujarme y jalarme con fuerza. Me estaba partiendo en dos ese botón de mi culo, y yo me arqueaba de placer… Me detenía con fuerza sobre esa puerta, me estaba disparando, y no quería que parara. Al voltear a verle, él me tomó por el cabello, me miró y me dijo: “¿Te gusta cómo te estoy enculando?” Al verle los ojos encendidos y una ceja levantada, mi reacción fue contestarle moviéndome frenéticamente, entrando y saliendo de su falo desesperadamente; quería que el General notara cuánto adoraba ser empalada por él.
Embestidas brutales me dio, y mis gritos mutados en casi inaudibles gemidos lo pusieron mucho más feroz… Mi anito era de él, y se resbalaba ya con tanta naturalidad, que se detenía para admirar cómo desde la punta hasta la base entraba hasta el fondo. Yo no podía más, quería gritar. Al ver y sentir mi cadera y mi anito desesperados por más; decidió darme lo que quería, esta vez no tendría compasión. Bajé una mano a mi coñito que escurría; ahí me di dedo por encima de ese botoncito ya bastante erecto, al General le gustaba verme hacer eso; mientras él resbalaba por mi culo yo me atendía. Mis gemidos y mi respiración aumentaron mucho más, la resbalada por mi anito aumentó de ritmo y yo la dedeaba… Por única vez le pedí al General: “Fólleme General, fólleme”. Fueron segundos eternos de ser enculada frenéticamente; el General sabía perfectamente que acabaría en cualquier momento, así que me dejó sentir como desde mi anito hasta los labios de mi boca temblaba de placer… Segundos después, sentí cómo me disparó en el culo derramándose por dentro. El General cayó encima de mi espalda y yo apenas y podía mantenerme en pie. Y ahí, en mi espalda, me susurro al oído: “Estuviste maravillosa, te estaba esperando”.
Oct. 2008
9 comentarios:
que lindo que es el culito!!!!
Uff... estos textos me ponen en una gran dilema al momento de comentarlos, ¡me quedo completamente mudo! Los leo y los leo y los encuentro perfectos, cumpliendo con su objetivo, el fantasear, el dibujar las imagenes en mi mente...wow!
Qúe escondiditoo te tenías ese talento...de escritora! claro esta!
Besos, tqm
Firmeeeeeeeees... YA!
HABRÍA QUE REVISAR ALGUNAS PUNTUACIONES POR AHÍ, PERO INDISCUTIBLEMENTE TIENE GANCHO Y TIENE "PUNCH".
SIN TAPUJOS NI PUDOR: ¡EXCELENTE RELATO!
- ¿LE ECHAMOS CREMITA MI GENERAL?
- ¡ÉCHELE GRAVA!
CÉSAR
FELICIDADES!!! BUENA VIBRA, LO SEGUIRÉ DE CERCA. LO PUSE EN FAVORITOS
Mmmm, como que más al grano (no se que tan bueno o malo eso sea), pero aquí obviamente más fantasioso.
Pero sin duda es divertido leerte.
Un abrazote.
Buen relato consiguió que quisiera ser General. felicidades
Aprovecharé para dar mi comentario de este y del anterior relato:
Para empezar, si bien en esta saga, nos lleva a fantasear por el sodomismo, aquel acto extremo (y a veces brutal), que todo hombre o mujer nos canchondea y abre cada poro de nuestro cuerpo, dicha imagén de un misterioso y poderoso general, con pleno control de su presa, combina dos elementos, del cual el hombre anhela; poder (en este caso control) y placer. Esto por el lado "fantasioso" tiene su aval y mi plena felicitiación, Pero en el caso "literario", hay ciertos elementos en la narración, como el ritmo y algunos elementos descriptitivos, que inclusive al leer el relato se tornaba un poco tedioso, es decir, como alguien lo comento previamente, hay que ir un poco "directo al grano", pero en fin, la verdad no creo conveniente revisarlo, ya que esto fue así concebido y creado el texto por su autor, y mi querida Ka, es solo mi humilde opinión de un literario, so no lo tomes en demasiada consideración. Aún así, te felicito, y esperemos disfrutar de más futuras narraciones de tu genialidad chachondosa.
Ahora bien respecto al primer relato publicado, no hay mucho que decir, me gusto, resultó un verdadero hit entre tus fans, no solo por el número de comentarios de los lectores, sino por las sensaciones que provocaste, la verdad ¿quién no se resistiría a ser curado de una gripe de tal manera? si bien fueron palabras más breves, fue sufuciente para provocar un desprendimiento fantasioso de nuestras horribles realidades. GOOD BLOW... JOB!
M.L.
PD. 23? makes me wondering a lot!
UENO BEUATY EXCELENTE SE DIVIERTE UNO LEYENDO JEJEJE MIRALA QUIEN TE VIERA DESDE ESA NINIA TIERNA DE LA PREPA A LA MUJER AUDAZ QUE TE HAS VUELTO JEJEJE BEXOS CUIDATE JIMBOOO
Pffff!! Como para hacerte unas propuestas literales, ah perdón, literaraias también, jajaja.
Chingón.
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